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Revista Compromiso: Entrevista a Gustavo Sterczek

El historiador y escritor Gustavo Sterczek dialogó con la Revista Compromiso sobre su última novela “La estrella y la cruz”, basada en hechos reales ocurridos en Polonia durante la Shoá.

– Compromiso: ¿Cómo nació la idea de esta novela?
– Gustavo Sterczek: Soy de familia judía, pero siempre tuve de alguna forma, por casualidad, contacto con los judíos. Soy nieto de polacos, mi abuelo fue excombatiente, fue voluntario para pelear contra la invasión nazi en Polonia. Es algo que tengo a flor de piel. Cuando tenía seis años vi fotos que me espantaron. De noche mi papá me prohibía ver ciertos libros, sabía que yo era muy curioso, pero yo lo hacía igual, y preguntaba, con mi inocencia, si eso me podía pasar a mí, si mi familia era judía, por qué a los judíos. Empecé a investigar a una edad muy temprana. Cuando muchos chicos juegan a la pelota, a mí se me dio por investigar sobre la guerra, sobre mi abuelo, por qué viajó, por qué peleó, por qué nunca lo conocí y por qué tantos judíos habían sufrido esa barbaridad que mis ojos podían ver, pero yo no podía entender todavía. A partir de ahí, investigué muchísimo sobre el Holocausto, sobre la Shoá, sobre los campos de concentración, por qué Polonia, por qué tanto ensañamiento. Polonia tenía la comunidad judía más grande del mundo en proporción a sus habitantes. La historia principal (del libro) no transcurre ni en Varsovia ni en Cracovia, que son las ciudades más grandes. Yo me detengo en una ciudad más chica, al sudeste, que es Tarnow, donde tengo familia. Ahí también hubo una masacre muy importante en el año ´42. Me centro en lo que fue la Shoá en Polonia y también en el oeste de Ucrania, porque las fronteras estaban bastante cambiadas en ese momento. La historia principal gira alrededor de una familia grande, numerosa, judía, que estaba dividida. La mitad vivía en Polonia y el resto en ciudades como Zhitomir, en Ucrania. Quiero dar un mensaje claro con esto. Primero de condena y rechazo total a la Shoá y a toda forma de holocausto, genocidio y discriminación; y segundo, el mensaje de que no todos mueren, porque si todos muriesen hoy no estaríamos acá. En esa familia numerosa de más de cincuenta personas, se salvan algunos por la ayuda, en algunos casos por otras familias no judías, y en otros, por sus propios medios, sobreviviendo como podrán. Emigran a Israel y junto con muchos otros judíos refundan un Estado.

– C: ¿Cuenta historias de algunos Justos entre las Naciones en el libro?
– G. S.: Sí. Es una novela, yo no tomo un nombre y apellido de la historia. Sí hago un racconto al final de la cantidad de medallas que ha entregado la Fundación Yad Vashem, porque casi un cuarto del total de medallas las tienen polacos. Soy bastante objetivo, es decir, sabemos que en la guerra hubo gente que ayudó y gente que no hizo nada, y soy muy verídico en eso.

– C: ¿Está al tanto de la ley polaca que impide vincular a ese país con los crímenes del Holocausto?
– G. S.: Sí, tuve tremendos enfrentamientos con mi colectividad, porque me dio vergüenza ajena. En un principio lo que quería el Gobierno polaco, que en eso no estoy en desacuerdo, era despegar el término “campos de concentración polacos”. Pero las implicancias que tuvo posteriormente por
los sectores de la ultraderecha polaca, me parecieron denostables. Me dio más vergüenza por ser nieto de polacos. Fue una masacre que hicieron los nazis y los polacos católicos en el año 1941, está documentando, es así, hay que asumir la historia como fue. Hubo una masacre posterior de la que no se habla en Kielce, en el año ´46, cuando inclusive ya había terminado la guerra. Había un Gobierno comunista impuesto por la Unión Soviética que era bastante antijudío, que de hecho favoreció la expulsión de los pocos judíos que quedaban en Polonia; es decir, también sufrieron los que quedaron después del ´45. También lo vuelco acá en la historia principal, por eso emigran y la protagonista principal, Sara, nace en Israel. He dado charlas y conferencias sobre este tema cuando la ley salió, para que las comunidades polacas con gente que no sabe mucho de historia no se quede con el “cuentito” que le cuentan, con lo que les llega desde la embajada y nada más, y que sepan la historia como es. La mayoría de los polacos en la Argentina, descendientes, de mi edad e incluso más grandes, piensan que los polacos no tuvieron nada que ver con el Holocausto. A mí me encantaría decir eso, pero lamentablemente no es así. Polonia es un país como otros, de 40 millones de habitantes, y no voy a poner las manos en el fuego por un montón de gente que, si bien la siento cercana por mi origen, han actuado de diferente manera, como ocurre siempre en las guerras. La guerra saca lo mejor y lo peor del ser humano. Gente como el personaje principal (del libro), un muchacho jovencito que se jugó la vida para dejar comida en una especie de catacumba y que una familia judía pueda comer, y hubo gente que simplemente señalaba con el dedo las casas donde vivían los judíos. Hubo de todo, y en Polonia también, no fue la excepción.

– C: ¿Sabe que esta publicación puede generar un clima incómodo dentro de la comunidad polaca?
– G.S.: Entre ciertos dirigentes, sí, y lo pensé mucho. Pero no estoy arrepentido en absoluto porque lo que cuento creo que es la verdad, son hechos que han sucedido. Prefiero perder algún contacto, algún amigo o lo que fuera dentro de la comunidad polaca, a no cumplir con algo que yo íntimamente siento desde hace años, la necesidad de escribir sobre la Shoá. Ya había publicado algo sobre el genocidio armenio, y el ucraniano, el holodomor (la muerte por hambre en la época de Stalin), y la Shoá es el más difundido, pero además fue el más tétrico desde todo punto de vista, por la concepción que tuvo, por la ejecución, por la implicación de muchos sectores.
En general el común de la gente dice “bueno, Hitler estaba loco”. Pero hubo una responsabilidad moral de una generación, a mi entender, de alemanes y muchos europeos que fueron pasivos ante eso. Fue una maquinaria monstruosa para construir campos de concentración, requiere tecnología, inversión, gente, líneas férreas que se han construido, otras se han desviado. Toda esa maquinaria impresionante no la hace funcionar una persona sola, ni siquiera un gobierno solo. Es posible con la complicidad de muchos sectores dentro y fuera de la sociedad.

– C: La Polonia de hoy ¿en qué situación se encuentra con relación al antisemitismo?
– G.S.: He viajado para ver a mi familia dos veces y hablé muchísimo de estos temas, porque justamente Tarnow tiene un porcentaje muy alto de judíos. El polaco, para empezar, sufrió el nazismo como cualquiera, porque en definitiva Hitler detestaba por igual a todos los polacos. Es decir, se ensañó con los judíos, pero el polaco católico fue víctima también. Los han considerado una raza inferior. Hitler decía que si se rascaba un polaco la piel, detrás de una fina piel aria, había un judío.

– C: ¿Persiste el antisemitismo en Polonia?
– G.S.: No al nivel de la gente común. Lamentablemente sí a nivel institucional. Existe todavía, no un antisemitismo como el nazismo, pero hay recelos. Hay una realidad que también Polonia nunca resolvió, que es un tema muy simple. Había millones de judíos, la mayoría han muerto o han emigrado, y la gente ocupó sus propiedades.

– C: ¿Cuáles son esos dirigentes?
– G.S: Son sectores de la derecha más nacionalista que entienden que el ser polaco es católico y nada más. Como lo cito en el libro al principio, Polonia se conforma como Estado en el año 996, prácticamente ya al siglo y medio empiezan a llegar judíos. Polonia es el único país de Europa que, en vez de perseguir, decretó la libertad de culto en el año 1296. O sea, 200 años antes de que los judíos sean expulsados de España, Polonia ya albergaba judíos en cantidad. Otra cosa importante a destacar es que nunca fue aceptada la Inquisición. La Polonia de los reyes católicos fue bastante tolerante, los problemas empezaron, a mi entender, en el siglo XX, con la instauración de la nueva república, cuando los polacos eran una minoría y había problemas con diferentes minorías que Polonia pretendió, en el Siglo XX con gobiernos muy nacionalistas, aplacar de diferentes formas.

– C: ¿Por qué escribir una novela y no un libro de Historia?
– G.S: Me encantaría decir que la gente ama la Historia, que le encanta leer libros de Historia y la realidad es que no es así. Me duele decirlo porque soy historiador. Una forma de llegar a la gente común que quizás no es tan apasionada de los hechos históricos es llegar a través de una novela que cuenta hechos históricos, que es más llevadera. Doy fechas, hechos, lugares concretos, y sobre ese contexto monto historias que sé que han ocurrido, personajes con nombres ficticios pero que existen y lo hago de una forma llevadera.

– C: ¿Qué opina del genocidio armenio?
– G.S: Los turcos no ahorraron detalles macabros para exterminar a un millón y medio de armenios. Los hombres en general eran los más beneficiados porque los cortaban a sablazos en el lugar. Las mujeres y las niñas eran llevadas hasta el desierto de Siria, hasta morirse de hambre y sed, y víctimas de todo tipo de abusos y violaciones.

C: ¿Por qué cree que los diversos Gobiernos turcos no se han decidido a reconocerlo y pedir perdón?
G.S.: Básicamente, porque Turquía sabe que si lo hace podría recibir una gran cantidad de reclamos de tipo económico, territorial, judicial, y además, la restitución de una Armenia histórica. Armenia era al menos cinco veces más grande que ahora. Turquía no lo va a aceptar porque sabe que va a perder mucho. La negación es la primera respuesta de cualquier genocida y después, cuando no queda otra, arrinconado contra la pared, empieza a hacer algunas concesiones forzadamente. Creo que algún día lo van a reconocer, los hechos están demostrados, hay fotos, hay testimonios directos, hasta del embajador norteamericano. Ninguna persona, sea armenia, ucraniana, judía, polaca, merece morir porque alguien piensa que es distinto y tiene que ser exterminado. Eso es algo que nos tenemos que grabar, como en el código genético, ningún pueblo merece ser exterminado, no es el mundo donde uno quiere vivir.