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Murió Nancy Wake, la heroína neozelandesa de La Resistencia. Por Rubén Kaplan

A sólo tres semanas de cumplir 99 años, falleció el 7 de agosto en un hospital de Londres, Nancy Wake, la heroína de guerra más grande de Nueva Zelanda, la legendaria y valiente mujer que fue apodada por los nazis “Ratón blanco” por su escurridiza habilidad para evitar ser capturada.

Agente británica en Francia durante la Segunda Guerra Mundial se unió a la Resistencia contra los nazis y el gobierno colaboracionista de Vichy que presidía el Mariscal Philippe Pétain, salvó cientos de vidas de los aliados y encabezó la lista de personas más buscada por la Gestapo, que había ofrecido una recompensa de cinco millones de francos a quien aportara datos que posibilitaran su detención. Nancy Grace Augusta Wake, hija de Rosieur Ella y del editor periodístico Charles Augustus Wake, nació el 30 de agosto de 1912 en Wellington, Nueva Zelanda siendo la menor de seis hijos. Sus padres se mudaron a Sidney, Australia, en 1914, cuando Nancy tenía 20 meses de edad. Abandonada junto a su familia por su padre que viajó a Nueva Zelanda para hacer una película sobre los maoríes y nunca regresó, creció y se educó en Sidney, Australia.

Siendo mucho más joven que sus hermanos, era muy independiente. Rebelde empedernida, se enfrentaba abiertamente a su madre, por la extrema religiosidad de ésta. Cuando tenía 16 años se escapó de su hogar y trabajó como enfermera. A los 20 años decidió aventurarse a conocer el mundo. Primero fue a Inglaterra y luego a París. Trabajó como periodista rodeándose de gente joven y cosmopolita. Fue corresponsal europea de Hearst Corporation. La suya fue una glamorosa vida de fiestas y viajes, que disfrutó intensamente. Esa etapa idílica se alteró abruptamente cuando Nancy fue testigo del ascenso meteórico de Hitler, del nacionalsocialismo y el antisemitismo. En Viena vio el brutal encadenamiento de judíos en una plaza. Ese episodio fue el que actuó como disparador y la llevó a la férrea determinación de luchar en la Resistencia francesa. En 1939 Nancy Wake se casó en Marsella con el industrial y agraciado “bon vivant” francés Henri Fiocca, a quien ella consideró en una postrera retrospectiva de su vida, como el gran amor de su vida. En la ciudad donde contrajeron enlace, vivían en un departamento ubicado en una colina desde donde tenían una magnífica vista a la bahía y al puerto. Transcurridos seis meses del matrimonio, Alemania invadió Francia.

Gradualmente pero con gran resolución Nancy se fue incorporando a la lucha. En 1940 a raíz del armisticio del 22 de junio de 1940 por el cual el infame gobierno colaboracionista francés capitulaba ante el Tercer Reich, dejando sola a Gran Bretaña como único país enemigo de la Alemania nazi, pasó de la mera observación, a la acción decidida, uniéndose a la entonces incipiente Résistance”. El ignominioso rol de colaboracionista de Francia, fue reconocido recién en febrero de 2009, cuando la más alta jurisdicción administrativa del país galo admitió por primera vez la “responsabilidad” del Estado en la deportación durante la Segunda Guerra Mudial de 75.000 judíos franceses, mujeres, hombres y niños, que fueron asesinados en los campos de concentración y exterminio nazis.

El trabajo inicial de Nancy Wake fue de simple correo, llevando mensajes y comida a los grupos clandestinos en el sur de Francia. Compró una ambulancia que usó para ayudar a los refugiados que escapaban del avance alemán.

El hecho de ser la esposa de un acaudalado industrial, le posibilitaba acceder con facilidad a los diferentes estamentos del gobierno de Vichy. Logró obtener papeles con una identidad falsa que le permitieron trabajar en la Francia ocupada. Su misión en la Resistencia puso en riesgo su vida y pronto se convirtió en sospechosa de actividades ilícitas y fue puesta en observación por la Gestapo. Los agentes alemanes, intervinieron su teléfono y revisaron su correspondencia. Cambió varias veces de identidad, para eludir a los agentes de la Gestapo y, por ello, le pusieron el mote de “Ratón blanco.” En 1943 Nancy Wake era la más buscada por la Policía Secreta nazi y el precio prometido por ayudar a su captura era cuantioso. Por consiguiente, la Resistencia decidió que la estadía de Nancy en Francia era muy riesgosa y la envió a Londres. Con gran angustia y dolor se despidió de su marido Henri, a quien nunca más vería. La fuga no fue fácil. Tuvo que hacer varios intentos para cruzar los Pirineos e ingresar a España. En uno de ellos fue capturada en Toulouse por las milicias francesas de Vichy e interrogada por cuatro días consecutivos. Sin evidencias que la incriminaran, la liberaron sin lograr extraerle ninguna información ni relacionarla con el “Ratón Blanco” tan afanosamente buscado. Finalmente, luego de cinco frustraciones, logró cruzar la cordillera montañosa de los Pirineos y se embarcó a Inglaterra. A la edad de 31 años, Nancy Wake fue una de las 39 mujeres y 430 hombres pertenecientes a la Sección Francesa del Special Operations Executive (SOE) que trabajó con los Maquis (como se llamaban a los guerrilleros de la Resistencia) saboteando las instalaciones alemanas en la Francia ocupada. Fue entrenada en el uso de armas y explosivos, defensa personal, uso de códigos y radio, supervivencia y paracaidismo nocturno. Oficialmente, las mujeres estaban asignadas a servicios de ambulancias, pues su identidad era mantenida en estricto secreto por la SOE. En febrero de 1944, Nancy Wake y el Mayor John Farmer, otro miembro del SOE, fueron lanzados en paracaídas en la región de Auvergne en el centro de Francia con órdenes de localizar y organizar las bandas de Maquis, estableciendo depósitos de armas con los materiales que les lanzarían en paracaídas e instalando un transmisor para las comunicaciones con Inglaterra. La misión principal de Nancy Wake, fue preparar el terreno para el día de la invasión aliada de Francia. Sus blancos principales fueron, instalaciones alemanas, convoyes y tropas que en número de 22 mil estaban acantonados en el área. Los Maquis eran entre 3 y 4 mil en esos momentos, pero una campaña de reclutamiento elevó el número a 7 mil. En una ocasión, Nancy viajó 500 kilómetros en bicicleta para reemplazar los códigos de radio que fueron destruidos por un operador, para evitar que cayeran en manos de la Gestapo. Sin esos códigos no era posible comunicarse con Gran Bretaña y menos recibir pertrechos. Infatigable, cubrió la distancia en 71 horas a través de campos y montañas, casi sin parar.

La zona de operaciones estaba atestada de tropas alemanas y agentes de la Gestapo tratando de desactivar los grupos de resistencia. Los enfrentamientos armados fueron muchos y sangrientos. Nancy Wake lideró el ataque a las oficinas de la Gestapo en Montluçon. Mató a un centinela con sus propias manos para evitar que diera la alarma en un ataque a una fábrica de armas y en una oportunidad ejecutó a una espía alemana.

El 6 de Junio de 1944, el célebre Día-D, las tropas aliadas comenzaron el desembarco y con ello, la liberación de Francia. El día 25 de Agosto de ese mismo año, París era liberada y Nancy Wake fue a Vichy para celebrar el triunfo.

El día de su llegada se enteró, que el mismo día que se despidió de su amado Henri, éste fue detenido y torturado para que confesara cuál era el destino de su esposa. Al no divulgar el paradero de Nancy, fue ejecutado. Después de la guerra, Nancy Wake continuó trabajando en el SOE, estuvo en el Servicio de Inteligencia del Ministerio del Aire, hasta que en 1957, se casó con John Forward un ex prisionero de guerra británico con el que se radicó en Malta.

Nancy Grace Augusta Wake fue la mujer más galardonada de la Segunda Guerra Mundial y obtuvo condecoraciones y medallas de Australia, Reino Unido, Mancomunidad de Naciones, Francia, Estados Unidos y Nueva Zelanda, por su significativa contribución y compromiso, fruto de sus destacadas acciones en tiempo de guerra, entre otras consideraciones. En 1994 rechazó entregar sus condecoraciones al Museo de Australia diciendo que ella era neozelandesa y le recordó a la prensa que mantenía su pasaporte de Nueva Zelanda, a pesar de vivir fuera de su país por 80 años. Tres años después falleció John, dejándola viuda por segunda oportunidad.

Producido el deceso de esa insigne mujer que fue Nancy Wake, dijo de ella la Primer Ministra australiana, Julia Gillard: “era una mujer dotada de un coraje y de recursos excepcionales, cuyas proezas audaces salvaron la vida de cientos de personas de las fuerzas aliadas y ayudaron a poner fin a la ocupación nazi en Francia”. Por su parte, la ministra neozelandesa de Asuntos de los Veteranos, Judith Collins, señaló que “el mundo ha perdido a una mujer valiente”.

De acuerdo a sus deseos, la bravía Nancy Wake, a quien en Nueva Zelanda planifican hacerle un monumento de homenaje como tributo permanente, será incinerada y sus cenizas esparcidas en la localidad francesa de Montluçon, escenario de uno de sus actos heroicos.

Rubén Kaplan
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