PRENSA

Justicia y memoria. Por Aldo Donzis

Se cumplen 17 años del atentado perpetrado contra la sede AMIA-DAIA. Se trató del ataque terrorista más grande cometido en la historia de nuestro país: 85 personas perdieron la vida, entre ellos mujeres y niños de todos los credos y nacionalidades. Familias enteras quedaron destruidas desde ese día y para siempre. No hay palabras que puedan dar cuenta de semejante acto de irracionalidad. No hay palabras que puedan atenuar el dolor. El atentado contra la AMIA-DAIA fue también un ataque a una tradición de paz y respeto entre las distintas identidades religiosas y culturales que hacen a la Argentina. Ese motivo de orgullo fue algo que el terrorismo no pudo modificar: fue el mismo pueblo argentino el que se movilizó masivamente a la calles y acompañó a las víctimas en su reclamo de justicia. Los edificios podrán reconstruirse, pero los escombros permanecen entre nosotros. Una huella imborrable que nos guía en el ejercicio activo de la memoria y el reclamo de justicia, como única vía para que nunca más vuelva a ocurrir. En estos 17 años hemos encontrado numerosas dificultades en esta tarea. El reclamo de justicia ha debido enfrentar un sinnúmero de obstáculos. Aún hoy, y pese a los avances realizados en la investigación, la falta de cooperación de Irán para que los acusados como responsables del atentado de ese país por parte de Interpol comparezcan ante la justicia, impide la posibilidad de avanzar en ese sentido. Resulta dramático asistir cotidianamente a la presencia de una importante red de aliados del citado régimen teocrático entre nosotros, entre quienes no faltan incluso quienes plantean la hipótesis de un autoatentado. Son quienes además suscriben la idea de que el Holocausto no existió, buscando hacer honor a la prédica del presidente iraní Mahmud Ahmadineyad. Frente a semejantes agravios, el único compromiso legítimo que cabe es redoblar el esfuerzo en el camino de la verdad como única vía para alcanzar la justicia que no llega. Es el compromiso que asume la DAIA, representación política de la comunidad judeo-argentina, desde el cual reivindica ese reclamo y el llamado a no olvidar. Seguiremos trabajando en nuestra irrenunciable búsqueda de la verdad para alcanzar un futuro de justicia, memoria y paz para las 85 víctimas de aquel 18 de julio de 1994.