PRENSA

Le rematarían la casa y reclama un subsidio

Hilda Ester Deslescabe quedó viuda el 18 de julio de 1994, a las 9.53, cuando el edificio de la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA) y otros edificios aledaños quedaron reducidos a escombros. Aquel día, además de haber perdido a su esposo -que trabajaba como encargado en el edificio justo enfrente de la AMIA-, su hijo quedó con graves lesiones en la vista y, desde entonces, Hilda debió hacerse cargo del hogar y salir a trabajar, a pesar de sus serios problemas de motricidad como consecuencia de una poliomelitis. Sola, sin ningún tipo de ayuda ni asesoramiento, Hilda debió enfrentar múltiples problemas económicos que la llevaron en 2005 a pedir un préstamo por 9500 dólares, pero que, hasta el momento, no pudo saldar. «No tengo el dinero para devolverlo, y por eso me van a rematar el departamento donde vivo con mi hijo, que, por su discapacidad tampoco puede trabajar», explica Hilda con angustia sentada a la mesa de un bar. Su única esperanza, dice, es la sanción de un proyecto que impulsó el Gobierno para indemnizar a los familiares de los fallecidos y los heridos de la AMIA, que fue aprobado en el Senado en 2009, pero que aún debe recibir el dictamen de la Comisión de Presupuesto y Hacienda para tratarse en Diputados.